lunes, 14 de enero de 2013

A tu lencería


Imagen sacada de la red

Sobre el tesoro tú, cándido amante,

tu avaricia blanquísima despliegas,

y, envidiosa nube, altivo niegas

al deseo su centro deslumbrante.

Cuándo será que, en gracia de un instante,

queden, vidente amor, sus ansias ciegas,

y de la vid en las hermosas vegas

libres racimo y gloria penetrante.

Oh feliz ser, oh velo del recinto

en que la vida tiembla y se acobarda,

desfallece la mar, se yergue el fuego.

Todo es igual y todo ya distinto:

el dulce arquero que tu luna guarda

con su rayo me hiera, y muera luego.

Antonio Gala

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